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sábado, 14 de noviembre de 2015

Trópico 6.0

Por César Vélez

Como ya dije estoy en el trópico, donde sea quizá el calor un provocador de que las chicas anden en paños menores y los hombres lo agradezcan, me uno a los chicos y chicas que van para el balneario, llevan en la nevera escondido el licor en botellas de agua porque impera la prohibición ya que un chico se ahogo por estar ebrio, somos seis tres hombres y tres mujeres. Las chicas nos sorprenden con sus trajes de baño de dos piezas y comienzan a modelar sus curvas, mi vergüenza es que no sé nadar y a duras penas me dejo llevar por la corriente, pero una de las chicas me llama desde lo profundo del agua y como yo soy obediente asisto... Creo nunca he tomado tanta agua y más cuando la chica se quiso subir a mis hombros y así comenzar un juego... calmamos el hambre con frutas mientras el licor se disfruta pero al filo del anochecer las chicas están al tope de la ebriedad y a la que me corresponde se debate entre la risa y un deseo obsesivo de tener sexo... Estoy por creer que esa era la trampa porque los demás chicos toman a su chica y eso es lo que hacen... Y en un asalto de lucidez mi chica me dice al oído "Por favor no me violes"... Y gracias al agua que había tomado en mi ahogo tengo la suficiente cordura para conducir a la chica lejos de allí y salvarla para que su quizá primera vez no fuese así, deberá esperar a otro predador.    

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Feas y salvajes

Por César Vélez

Me tiro y me tira.

Estoy en el trópico donde las mujeres ni sudan, pero yo sudo a montones, abrazo a una linda chica y le doy un beso en la frente, ella se deja, sin embargo hace una mala cara cuando le insinúo que quiero llevarla a una cama, "si estoy loco". Usted preguntará si eso resulta y le digo que sí, una menuda señorita el otro día me dijo con la indiferencia a flor de cuerpo que yo no la merecía, según ella era muy "fea" para mí, no importó igual descubrí que era salvaje. Las mujeres de más de cuarenta años se sienten mal por haber cruzado el cuarto piso, pero quien aproveche el momento encontrará que están en su punto, tienen la energía de una adolescente junto con la experiencia de una trabajadora sexual. Y comprendo la ansiedad de muchos al otorgar la formula de la felicidad, que no es la promiscuidad, es más bien la posibilidad de hace feliz a cualquiera. 

martes, 10 de noviembre de 2015

Sálvame de la preñez

Por César Vélez

Llega lasciva, esta ebria, dice malas palabras, la someto de forma fácil, huele a cigarrillo, quizá se pego un enganche, sus pupilas están dilatadas, expele el olor de una perra en celo, con la sed del sexo que le palpita, que le llama, y sus hormonas están a mil, no apunto a esperar le rompo la tanga por encima del jean, esto la vuelve más violenta me toma y la tomo, y así va la lucha, hasta que desordenamos la habitación, me envuelve en las cortinas, creo su trasero fue visto por los transeúntes de la otra calle, se me lanza como un simio salta sobre un montón de bananas y quiere morderme, nos estrellamos contra la pared del baño y acierto a abril la llave de la ducha, es más maravilloso de lo que hubiese creído: gime, grita, se mueve cual serpiente, pero no escapa y entonces ubico el centro de sus senos y me hundo y por allí mismo sigo la senda de su sexo que acribillo con mi lanza curtida de elixir mágico y ella retoza de la furia y me pide el favor no deje de embestirla así... en un último instante sus ojos blanquean y mi fuerza está a punto de abandonarme para hacer que todo el jugo de mis bolas se explaya y entonces me para en seco rogando que no termine dentro de ella... la tiro sobre la cama y la castigo con la correo igual que veintiséis años antes debió hacerlo su papá...